Curich: la fuente del sabor

Luego de que Troika Curich cerrara el negocio familiar de cremoladas en Miraflores, los clientes seguían tocando su puerta. Por ellos, reabrió Curich y esta vez nadie la detiene.

El mango ciruelo es un fruto que no se parece ni al mango ni al ciruelo y cuyas fibras ácidas y dulces se cuelan entre los dientes cada vez que un norteño lo quiere saborear, con sal, claro. Entre los más de 40 tipos de cremoladas que ofrece el Curich, la dueña de este, Troika Curich, prefiere precisamente el de mango ciruelo, porque la regresa a su norte querido y a ese restaurante tumbesino que vendía helados que llevaban su apellido.

Cuando su padre, de origen croata, llegó al Perú, encontró en Tumbes el clima y la fruta perfectos como para hacer su receta de helados. La receta se transformó en el restaurante Curich, donde se ofrecían helados, chupetes y cremoladas que se hicieron tradición. Troika recuerda que ella y sus ocho hermanos ayudaban en el restaurante. "Mi casa no tenía cocina porque para eso estaba el restaurante y los domingos nos turnábamos para atender", cuenta Troika.

A fines de los 70, uno de los hermanos Curich abrió un segundo local en Miraflores que se transformó en un restaurante y piano bar que giraba en torno a las populares cremoladas. El Curich de Miraflores se mantuvo hasta fines de los 90.

Paralelamente Troika, que había estado estudiando en Europa, regresó para ayudar a su madre a cerrar el Curich de Tumbes y mudarse a Miraflores (al costado del otrora Curich). "Pero la gente no dejaba de tocarnos la puerta para pedirnos cremoladas, era una locura", dice Troika, quien volvió a abrir en el 2003.

Las máquinas básicas costaron cerca de US$5.000 pero "teníamos un patrimonio valiosísimo: nuestra marca". Los clientes nostálgicos fueron los que hicieron el trabajo de difusión.

Actualmente la sección de cremoladas tiene 30 proveedores de frutas y va por más. "Queremos seguir difundiendo los sabores, porque ellos muestran la diversidad de frutas que tiene el Perú", dice la dueña del Curich, quien está a punto de lanzar un nuevo sabor: guaraná.

MIS CLAVES

Impulsar nuevos sabores
Para que un sabor pegue y sea preferido por los clientes pasa un tiempo. Hay que perseverar y seguir ofreciéndolo. "Si hago 12 galones de cremolada de maracuyá, hago dos de un sabor nuevo". Así ha impulsado la cremolada de camu camu, guanábana, carambola y otras frutas.

Ahorrar espacio
"Desarrollamos la venta de cremoladas en sachets para nuestros puntos de venta que quieren varios sabores pero que no tienen espacio de tener galoneras grandes (de 20 litros)".